El viernes noche cogí el coche dirección Madrid y decidí ir por la AP6, pagando más de 8 euros, para evitar subir el puerto, dado que era de noche y el tiempo no es el mejor para viajar. Sin embargo me encontré en mitad de las obras, con dos carriles reducidos en anchura, con niebla y circulando entre dos camiones. La circulación entrañaba más peligro que si hubiera elegido la carretera nacional.
Como casi todo en la vida, al final lo reducimos al dinero: ¡Es una vergüenza! máxime si hablamos de conducción y todos sus peligros. Las autopistas son de los poco productos que consumimos y pagamos lo mismo esté en las condiciones que nos aseguran o en las que nos toque en suerte, o mala suerte. No es irónico, es macabro, anteponer la seguridad al dinero...
y acabar arriesgando más.
(*) Y esta entrada no sirve de nada, pero me quedado a gusto hombrecoñoya.
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