sábado, 25 de diciembre de 2010

Raphael

Un día como hoy, veinticinco de diciembre, Navidad, que esté haciendo una entrada sobre Raphael no deja de tener su lado casposo postnochebuena, y mi lado bipolar me tira para atrás, pero sin embargo, por otro lado, su espectáculo lo merece y es -cronológicamente- lo primero que tengo pendiente por mencionar. Pero sobre todo, me resulta divertido...

El viernes diecisiete estuvimos en el Teatro Gran Vía viendo Raphael: Te llevo en el corazón. Tras más de 50 años de carrera ya sabes qué te vas a encontrar, cómo va a ser y qué no te va a defraudar, para bien o para mal, pero nunca estás preparado para la magnitud que alcanza sobre el escenario. Veinte días seguidos llenando el teatro está al alcance de muy pocos, le pese a quien le pese.

Ya antes de comenzar tiene puntos a favor, como son el público entregado y fan sin condiciones. Es un espectáculo sobre todo para sus seguidores, en el que no faltan todos los gestos medidos para levantar el aplauso y bañarse en él. Raphael se deja querer y su ego con él. Durante dos horas y media (algo más) todo está medido y programado a la perfección, quizás ese es un punto flojo, no da pie a la espontaneidad ni a la comunicación con el público (no habla apenas), que resulta un poco fría, no de los fans hacia Raphael, sino en su respuesta.

Comienza con parte de sus éxitos más rotundos y bailables, Mi gran noche entre ellas, y quizás sea un inicio temprano, ya que todavía el público no estamos metidos en faena, sino con las ganas de disfrutar previas. Esta canción más adelante lo hubiera petado. Después recorre tangos y rancheras, para terminar de nuevos con éxitos (Escándalo es un escándalo, yo soy aquél, porrón ponpón y demás). Todo sazonado con los elementos raphaelianos habituales de su repertorio, por no extenderme más.




La foto es mala con avaricia, la luz le hacía salir como una silueta maculada...
...entre eso y sus dientes :D

En este punto ya puedo decir que Raphael, con cariño, es un "cierrabares". Yo a partir de la hora y cuarante minutos ya no podía más. No soy tan fan. That's life. Pero no confundirse, Raphael es muy bueno y su espectáculo también (incluidos los ocho músicos y el decorado, luces y demás).

Por último, que para no ser tan seguidor suyo ya me he extendido demasiado, la canción que no cantó y que este mes hemos tarareado hasta el infinito, muy propia para un día de fiesta...



Feliz Navidad.
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