Con esto no digo que no se pueda escuchar en cualquier otro momento, sino que llevo tres días en los que no he trabajado enganchado a los sonidos del nuevo disco de Depedro (y con el reciente recuerdo de su directo). Su estilo ya no es nuevo, en el anterior disco ya nos dejo buena cuenta de él, sin embargo se ha consolidado en un paisaje que nuestros músicos no suelen visitar. Nubes de papel es una colección de canciones bien construidas, con influencias y mestizaje fronterizo, sureño, global. No en vano participan en él Calexico -un lujo musical tener unos amigos así-. También colaboran alguno de los chicos de Vestusta Morla -otro lujo-.
No es que quiera ser cursi con mis palabras,
me hace sentir bien.
Este jueves (día 23 de diciembre) estuvimos en el Atomiko (Ávila) disfrutando, repito, disfrutado con el concierto que nos ofreció Depedro. En esta ocasión se presentó con su guitarra y otro músico llamado Lucas (sorry, no sé más) como acompañamiento sobresaliente. El concierto fue para unas 70 personas más o menos y resultó muy cercano. Como si estuviéramos viendo a un amigo tocar para sus colegas. A Depedro ya le he visto en más ocasiones y tanto cuando está acompañado de una banda o como cuando se presenta así, me convence siempre.
La única pega, que la hubo, es la de siempre: la gente no tiene ni puta educación, y no eran pocos. No sólo sucede en conciertos ni en Ávila, sino en cualquier ciudad y casi cualquier evento. Una cosa es que hables bajito o hagas algún comentario, y otra muy distinta es que te pases todo el concierto hablando a un volumen más alto que el propio cantante. Del móvil sonando ya ni hablamos.
En fin. No merece la pena malgastar más palabras con quienes no las merecen ni ahondar en más explicaciones, porque si no se entiende, mal vamos, y el protagonista en esta entrada es la música de Jairo Zavala. Depedro me ha hecho pasar muy buenos momentos y espero que lleguen muchos más.
No se lo curra ni na el tipo.
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