lunes, 1 de noviembre de 2010

Ellos

No le costó conseguir entradas ni situarse en la primera fila. Tenía amigos bien posicionados y tiempo para esperar. El aforo estaba completo, hoy tocaba él, la estrella del momento, el heredero del pop sin discusión alguna. Seis discos de estudio y un directo así lo atestiguaban. A él nunca le había gustado su música, pero sentía una especial conexión con él. Sus vidas transcurrían paralelas aunque de maneras muy distintas. Si aparecía en la prensa con una nueva novia, a él le dejaba la suya. Si ganaba un premio, a él le despedían. Sí asistía a una fiesta lujosa, a él le caía una guardia de última hora, si... y si.

Miró a su alrededor, apretado entre la multitud que se agolpaba contra las barreras antiavalanchas, siempre vigilados por el cuerpo de seguridad y los asistentes sanitarios expectantes por saber quien ganaba la apuesta sobre la primera lipotimia, bajada de tensión,... Podía palpar la expectación y la emoción de todos los fans a punto de estallar. Él no sentía nada que no fueran empujones, calor, sudor, malestar y un cosquilleo que le había obligado a venir y a situarse en esta posición tan privilegiada y tan poco acorde a sus gustos.

Comenzó hace un par de días. Venía caminado por la calle Prior escuchando una emisora musical cuando anunciaron su concierto. Se paró. Como si una fuerza desconocida le sujetara de la camiseta y no le dejara avanzar. Casualidad o no, a su derecha se encontraba la tienda de música Longplay y en su escaparate aparecía su último disco. Una portada de él sonriendo junto a un coche de los años sesentas, un mustang azul creyó reconocer. La foto era horrible. Antes de que se diera cuenta, entró y compró un cd. ¿Cuántos años hacía que no compraba un cd?. En ese momento supo que tenía que estar hoy aquí.

Tocó con la yema de los dedos el borde de la caja del cd. Había quitado el plástico nada más compraro a pesar de que ni siquiera lo había escuchado una sola vez. No importaba, justo en ese momento se apagaron las luces, el griterío aumentó, más de un corazón comenzó a latir al doble de su capacidad, y el show dio comienzo. Durante una hora se sucedieron las canciones, éxito tras éxito. Él se encontraba cada vez más solo entre la multitud. No le gustaba esta música, pero, siempre hay un pero, en su interior sabía que algo iba a cambiar. Su vida iba a ir a mejor.

La gran pregunta era ¿cómo?. En un momento dado del concierto, Él dejó su micrófono a pie de pista y bajó hasta el público para saludar fugázmente a sus aficionados y firmar algún que otro cd. Era parte del espectáculo, con muy buenos resultados. Estaba milimétricamente programado: bajar, dar la mano, algún beso, le acercaban un rotulador, garabatear su nombre (con el que firmaba autógrafos), intercambiar una frase rápida y dejar que el boca a boca de la gente le hiciera subir como la espuma.

Sin dudarlo, sacó su cd del bolsillo y alzó su mano con el libreto.

¿Existen las casualidades? Ambos se miraron un instante mientras firmaba su disco y pasó. Se saltó el protocolo, le dedicó unos segundos más de los programados. Más tarde su agente le regañaría, pero qué importaba Él era la estrella y este espectador le resultaba familiar. No le había visto en su vida pero sentía como si fueran conocidos, amigos, incluso hermanos. Un cosquilleo le agarró el estómago.

-¿Te gusta mi música?.
-No.

Los dos se sorprendieron, uno por la respuesta, ágil, concisa, sincera, y el otro, por la respuesta, tan diferente en sus oídos. No esperaba que nadie de la primera fila no fuera menos que un fan fatal suyo. Era muy extraño. Ambos se olvidaron del resto del pabellón. Sólo silencio. Le devolvió el cd con su autógrafo.

-¡Joder!... ¿entonces?.
-Vas a cambiar mi vida.

Nunca supo por qué respondió así. ¿Qué valor podía tener un autógrafo más de tantos?. Pero en ese mismo momento el pabellón y su gente regresaron a sus mundos, volvieron a ser conscientes de en donde estaban y el ruido atronó de nuevo en sus oídos. Tanto que nadie oyó la detonación. Sólo él sintió el impacto en su cabeza y la sangre manchó su último autógrafo.

Sus vidas habían cambiado.

2 comentarios:

YeXb83 dijo...

también he sentido esa extraña conexión con mi hermana, cuando a ella le iban bien las cosas a mí me iban de culo, y cuando a mí me iban de maravilla ella traía un humor de perros... ahora que ya no vivimos juntos parece como si se hubiese roto el maleficio

Duczen dijo...

Se ha roto el maleficio, menos mal que el final es diferetente ;)

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