Me froto la cara. La noche ha sido dura, pero al menos estoy de saliente. Trabajar de noche me rompe por completo el ritmo de vida. No tengo opción. Aún es temprano y poca gente viaja en el metro. Lo acaban de abrir. Somos el segundo o tercer tren que inicia su jornada. Comparto mi asiento con madrugadores y con noctámbulos. En estos minutos todos tienen cabida, tanto quienes se disponen a trabajar como los que buscan el descanso de la fiesta.
A unos metros viajan unas mujeres, pertenecen al segundo tipo. Puede ser producto de la casualidad, pero muchas mujeres viajan en grupo, de tres o cuatro unidades, y esta mañana, mirándolas sentadas unos asientos más adelante, riendo despreocupadas, me he acordado de las leonas. La analogía es evidente, tanto como mi falta de sueño. Afilan sus dientes, regocijándose de sus presas, seguras de la confianza que reside en la unión, en la mayoría del cazador, del cazador más fuerte. Doy por hecho que no han tenido suerte. Compartimos viaje.
No soy dueño del tiempo y odio no serlo. Me pregunto si ella alguna vez salió de caza. Desde el primer día la vi como un león orgulloso con piel de leona feroz, sin cordero, sin debilidades. Tampoco me equivoqué tanto. Conozco su ritual. Salir de la ducha. Secar su cuerpo, su pelo. Peinarse, hasta dar la forma perfecta a su cabello. Elegir el traje de gala, provocativo, incitador, efectivo, efectista. Y por último, Reunirse con la manada y seleccionar su objetivo. ¿Fui yo? ¿su objetivo?. No fui el único.
En una ocasión, después de tomarnos dos o tres copas de Gin tonic y de sendos fallidos intentos de conquistar su cuello, me confesó que recordaba el primer día que me vio y el segundo concreto en el que sus ojos fueron conscientes de mi existencia. El tren toma una curva a gran velocidad y la aceleración se hace notar en toda su estructura. Y así me sentí yo cuando la vi, tan diferente a como se sintió ella. No llamé su atención. Eligió a otro. El tiempo es una constante en mi vida, la más caprichosa de todas. Me sentí halagado, aunque sea difícil de entender a simple vista. Tuve otra oportunidad. ¡Tuve otra oportunidad! y la aproveché y por un tiempo lo hice bien. Luego dejé de hacerlo, o simplemente permanecí igual.
Vuelvo a mirar a las mujeres. Sus rostros reflejan el cansancio y algo la derrota, que nunca reconocerán y que en unos días borrarán de sus cuerpos para volver a salir como si fuera la primera vez. Sin embargo, ahora se me antojan ridículas. Damas decrépitas y demacradas. Vestidas para un festín del que ni siquiera son invitadas. Ridículas. Mil veces ridículas. Sus gestos se tornan grotescos y sus ropas exiguas de glamour. Sin clase, sin carácter alguno. Como yo saliendo de mi trabajo. Me engaño no estoy pensando en ellas, no me importan en absoluto, estoy pensando en mi, en mi contigo, ¡miento!, sin ti, en mi sin ti, en mi, y en mi.
Cualquier momento es bueno para girar, ciento ochenta grados, y sentir que haces lo que quieres hacer. ¿Quién me iba a decir que el trayecto que tanto me angustia recorrer cada día que trabajo, que odio con todas mis fuerzas, que me repulsa hasta el vómito más amargo, me iba a despejar la mente y servirme de acicate?. La siguiente es mi parada. Sé lo que quiero y voy a conseguirlo. Escucho un fuerte frenazo. ¡Joder!. Hoy no era un buen momento.
2 comentarios:
Nice post and this enter helped me alot in my college assignement. Gratefulness you on your information.
Hace buen día, verdad?, un poquito caluroso pero tampoco se etá tan mal, aunque un poquito de viento se agradece por las noches para dormir, sobre todo cuando refresca y baja un poquito la sensación térmica. Así, por contestar en la misma línea.
:)
Publicar un comentario en la entrada