martes 31 de agosto de 2010

Allanamiento de morada

Me ayudó a saltar la verja que protegía inútilmente el jardín de los intrusos como nosotros. La casa se encontraba en mitad de la avenida Fosey en el barrio residencial más lujoso de la ciudad. No me dijo por qué la había elegido entre aquel mar de envidias ni yo me atreví a preguntar, bastante tenía con vencer mi miedo. Allanamiento de morada eran palabras que no digería con facilidad.

Me dejó entre los primeros árboles, los últimos para sus inquilinos, sola con mis pensamientos, mientras caminaba a pecho descubierto hacia la casa. Nada le asustaba, de nada se ocultaba. Le observé durante unos segundos. ¿Qué hacía con él?. Le había conocido apenas unas horas en un bar no muy lejos de allí. Le seguí, su voz me había conquistado. Hizo un gesto con su mano y mis piernas paralizadas y agarrotadas fueron en su búsqueda, no sin dejar de tambalearse de vez en cuando.

Llegamos a la piscina. La noche había clareado y la luna iluminaba el agua con su tenue reflejo. La propia luz de los focos sumergidos añadía el matiz perfecto. Me percaté del silencio. No se oía ruido alguno y esa ausencia era la reina de la noche. Entonces, como queriendo devolver mi mente al presente y contradecir mis pensamientos, él habló.

-¿No es perfecta? -señaló la piscina con un movimieno de su cabeza- Sería un crimen desaprovecharla -y comenzó a desnudarse.

Me quedé sorprendida e inmóvil, nuevamente, mientras descubría palmo a palmo y segundo a segundo su cuerpo. Su ropa, una a una, iba cayendo sobre el césped perféctamente cortado, y a cada prenda que perdía mi corazón ganaba un latido o mil. Hasta ahora no había sentido toda su atracción en estado puro.

Tenía que ser mío. Debía ser mío.

Escuché el agua abrirse paso tras su salto. Algunas gotas me mojaron. Se había desnudado por completo y sumergido en la piscina, sin darle importancia, con un gesto natural. Su cuerpo aún residía en mi retina.

Vamos!, está buenísima.

Sus palabras en lugar de invitarme, me devolvieron a la realidad. Fui consciente de dónde estábamos e intenté que él se diera cuenta también, pero no me hacía caso. Nadaba a lo ancho salpicándome cuando estaba más cerca de mi lado y afanándose en regresar cuando se alejaba.

-Psss. Nos van a oír -le increpé azorada.
-No hay nadie. Lo sé, créeme -y le creí-, sino ya hubieran salido, ¿no?.

Sin pensarlo por más tiempo, me quité la ropa, toda, sin meditar mis actos, y salté al agua también. Nunca había sentido una liberación mayor como en este salto. Romper con las reglas, las mías, tan ferreas, las de la sociedad, tan absurdas, y dejarme guiar por la pasión, por la aventura, por la sencillez.

El agua reálmente estaba buenísima.

Él se acercó a mi, primero con pequeñas bromas y amagos de aguadillas, juegos y demás, y después mirándome a los ojos. Sólo se conoce la importancia de una mirada cuando se ha vivido. De nuevo volví a desearlo, por segunda vez, tenía que ser mío, debía ser mío. El calor se hizo latente, la temperatura subió hasta tal extremo que el agua entró ebullición y vimos burbujas a nuestro alrededor. Calor que no mata sino alimenta y no deja sino una única salida.

Nos besamos.

Noté sus labios húmedos contra los míos y su lengua viva haciéndose camino. Mi vida entera navegó a través de mi saliba y sentí como mi corazón estallaba en su boca. Durante unos minutos no busqué nada más. Olvidé oír, olvidé ver, olvidé respirar. Su mano en mi nuca sujetando mi pelo. La otra en mi cintura. Yo agarrada a su espalda. Nuestros cuerpos rozándose sin cesar. El placer existe.

-¡Ehem! Siento interrumpiros, pero antes de que no podías parar...

La voz de ese hombre nos puso en alerta. Nos separamos al instante y buscamos a su dueño. Se encontraba al borde de la piscina, junto a las dos tumbonas y oculto parcialmente en la penumbra. Aún así pudimos distinguir a un hombre de mediana edad, de unos cuarenta años de edad. No le vimos el rostro. ¡Joder! ¿y ahora qué?. Quise morir.

-Tranquilos, tranquilos... -movía sus manos de arriba a abajo indicando calma- ... no me importa que uséis las piscina... -no dejábamos de mirarnos intranquilos- ... sólo os he traído algo de beber... -y señaló a la mesita que se encontraba entre las tumbonas.

Efectívamente había dejado sobre la mesa una bandeja con dos copas y una botella de vino. Esta noche no era nada normal. No lo era. Ni nos movimos.

-Bueno, entiendo vuestra sorpresa -sonreí en mi interior, no era para menos-, pero me voy a ir a mi habitación, es la segunda ventana del segundo piso -y señaló a una de las ventanas de la casa-, y voy a encender la luz, meterme en la cama y apagarla. Sí no os fiáis podéis iros, en caso contrario... -le oímos reír.

Dio media vuelta y volvió a su casa.

Permanecimos en la piscina sin saber qué hacer al menos un minuto. Tiempo que podríamos haber usado para huir, pero algo nos retenía allí dentro. Tal vez el deseo y la curiosidad. Fui la primera en rendirme y querer ponerme a salvo. Él me agarró del brazo, me pidió silencio con su dedo y miró hacia la casa. A los dos o tres minutos, eternos para mi, la luz del segundo piso se encendió para apagarse pasado medio minuto.

No nos había engañado.

Él, mi él, salió de la piscina y cogió la botella. -Hmmm, buen vino- susurró tras leer la etiqueta. Sirvió dos generosas copas y regresó al agua, junto a mi. Mi capacidad de ser sorprendida estaba sobrepasando mis límites conocidos. Me acercó una copa y brindamos antes, durante y después de besarnos.

El oro rojo avivó aún más nuestra piel...

... y eso es todo lo que recuerdo antes de que llegara la policía y nos acusara de robar valiosas pertenencias, entre otra multitud de cargos, allanamiento de morada incluido. Un vecino había dado el aviso tras ver una luz encenderse en la casa. Le había extrañado, los dueños, sus vecinos, una pareja de ancianos sin hijos ni familia cercana, estaban de vacaciones en la otra parte del mundo.

No encontraron a nadie más dentro, ni rastro suyo.

7 comentarios:

vantown dijo...

Me ha gustado mucho, mucho... y lo de escribir en primera persona, impresionantemente bien hecho ... te lo dice mi lado femenino.

hugo dijo...

Muy buena historia.

Ros dijo...

este si, mola.

Duczen dijo...

@Vantown, tu lado feminimo nos tiene intrigadísimo :D

@hugo, gracias :)

@ros, ñek ñek ñek ;)

trasgu dijo...

(crítica con spoiler)

Yo por eso después de bañarme en piscinas ajenas me voy sin tomarme ninguna copa.

Muy chulo el relato, mantiene el interés y por un momento te transporta a ese lugar y esa noche.

Duczen dijo...

Normalmente es al revés, de orgánica a inorgánica... digo, me tomo unas copas y me voy a piscinas ajenas.
:D

trasgu dijo...

Je,je, sí, ese proceso ya es más normal.;)

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