Capítulo 34: Espejismo
... y todos eligieron su máscara.
Libro de Oc
(página 89, versículo 98)
Comenzó la persecución. No tardó mucho en trepar a un tejado y huir por él. Sin perder su rastro hice lo mismo y me encaramé a lo alto de la ciudad, en donde la rutina no se atreve a molestar. Corrimos, brincamos, saltamos, parecíamos felinos menores en pos de su gloria pasada. Más de una vez estuvimos a punto de caer. Hasta que por fin me oculté y fingí perder su estela. Adiviné su próximo movimiento y aposté toda mi piel al siete rojo. Gané la banca.
No le di opción. Le aprisioné contra la pared. Nadie nos molestaría, el riesgo de la carrera nos había destinado a una plaza alejada, poco transitada y con demasiados recovecos dominados por las tinieblas... Al lugar y el momento en el que nos encontramos este preciso instante, hágase justicia. Tenso la mano alrededor de su cuello como una serpiente que comprime con su cuerpo a su presa mientras le susurra sus sibilinas intenciones al oído. Voy a ejecutar al primero de los reos, siempre cumplo mis promesas, pero antes, quiero identificarle.
Le exijo que me muestra su cara. Lo inesperado de nuevo se mofa de mi como la vida se ríe de los derrotados y me enseña, cual broma cruel, la cara del arlequín sin maquillaje. El dolor me llena el corazón y flaqueo unos segundos. Se ha suspendido la ejecución, libero mi mano y mi error intercambia nuestros papeles. Soy apresado ante mi incomprensión. Este hombre es el asesino de Mariam...
¡A quien yo maté!.
2 comentarios:
eso sí que es entrar en estado de shock!
Más le vale que salga pronto...
Publicar un comentario en la entrada