martes 28 de julio de 2009

Lobo


Capítulo 32: Flaqueza

... No reniegues de tus debilidades,
sino te matan, te harán más fuerte.


Libro de Oc

(página 07, versículo 70)

¡A ella!. Sus palabras resuenan como el eco que deja una losa al caer irremediablemente. La manada me ha encontrado. Él venía con ellos, ni siquiera me interesa saber el por qué, si están aquí, me han cazado... de nuevo.

¡Selena!. Pienso en ella constantemente. Estoy bloqueado y no dejo de temer por su vida. No puede sucederme por segunda vez. No puede. Dos mujeres, dos veces culpable. Condené a Mariam. Ella murió por mi culpa, porque fui débil, porque baje la guardia, porque me confíe, porque me rendí, porque fui humano. ¡No!, esto último no. Es la única verdad que me separa de la bestia.

Dejo al hombre y corro en dirección al bar. No voy a rendirme. En mi cabeza se entremezclan las imágenes de Selena y Mariam, como sí fueran partes de un mismo rompecabezas, hasta que forman parte de una silueta única. Siento ira y no puedo controlar este sentimiento, es superior a mi. Las veo a ambas sangrando y gritando mi nombre mientras sus cuerpos, su cuerpo, se retuerce en formas grotescas en las que no puede distinguir la carne del odio.

Corro.

Empujo a todo aquel que se interpone en mi camino. Se crea un gran revuelo, un loco sembrando el desorden sin cordura ni posibilidad de ella, pero nadie se atreve a interponerse en mi camino. Cuando los cuatro jinetes galopan por placer, hasta el fin del mundo agacha su cabeza. Un insensato olvida su condición de mortal e intenta detener mi carrera. No le doy tiempo a actuar, hablar o defenderse. De un golpe le derribo desplazándolo varios metros entre la multitud. Sin quererlo me ha ayudado. Esta pequeña demostración de mi fuerza ha conseguido que el resto me habrá una senda y flanqueen mi procesión con total sumisión.

Por fin llego al bar y abro la puerta. Busco a Selena. No la encuentro, pero sí a sus amigos, quienes disfrutan de sus bebidas ajenos al peligro que se cierne sobre nosotros. Le pregunto nervioso y alterado. Necesito saber dónde está ella. Les he intimidado. Me responden que se ha ido con una mujer que entró hace cinco minutos. No voy a preguntar sí la conocen. No hace falta. Es ella. La responsable de mi huida. Pienso en Asuel, el joven que maté. ¿Por qué pienso en él ahora?. Me temo lo peor. Después regreso a Selena y el corazón me duele. Me fallan las fuerzas y uno de sus amigos me sujeta antes de caer al suelo.
Selena es mi deuda.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...