martes 2 de junio de 2009

Lobo


Capítulo 16: Huída

... Tras la noche sin fin,
mi pueblo prosperó junto al río.


Libro de Oc

(página 25, versículo 52)

Estoy débil. Debo esperar su primer movimiento y reaccionar. Sobrevivir. No nos movemos. Ella en la otra orilla. Elaine me ha encontrado. Afortunadamente el caudal de río es considerable. ¿Suficiente barrera de salvación?. Desde aquí puedo sentir su ansía de venganza. La sangre reclama su deuda. La veo. Sigue siendo hermosa. Nunca la muerte sedujo tan fácilmente.

El tiempo transcurre. ¿A qué espera inmóvil?. Me doy cuenta. La manada nos vigilaba desde lo alto. No han necesitado orden alguna para comenzar su descenso. Soy un blanco seguro. Sin resistencia. Desprotegido. Pero estos minutos me han servido para hacer acopio de fuerzas. La herida ya no sangra... tanto. No debo sucumbir a la fiebre. El río alimenta la vida y yo debo seguirlo.

Elaine avanza por fin. Primer movimiento. Jaque. Se introduce en el agua lentamente, sin prisas, segura de lo que está haciendo. Es irracional pero disfruto observándola. La más alta de las hetairas recibiendo su baño diario. ¿Qué hombre no mataría por ella?. Necesito librarme de su influjo.

Quiere cruzar el río. Una emboscada con destino final. Es el momento. Corro río abajo. Elaine sale del agua con tanta celeridad que de nada sirve mi ventaja inicial. Comienza nuestra carrera. Ambos seguimos el curso del río.

Consigo aumentar mi velocidad. Estoy gastando mi último aliento. Ella me sigue. Desde la otra orilla. Imitando mis movimientos. Somos los dos lados del espejo. El alma de un mimo. Sé que me habla mientras corre. Sus palabras resuenan en mi estómago y en mi corazón. Morirás. Vas a morir. Vas a morir.
No voy a morir.




4 comentarios:

Ender Wiggins dijo...

estoy dejando lobo para imprimírmelo y leerlo de camino a casa...

Duczen dijo...

Todo seguido debe ser un tanto repetitivo...

SueEllenRV dijo...

qué intriga?
habrá señal de meta?

Duczen dijo...

Teníamos a una señorita -... con las piernas muy largas...- en medio para dar la salida agitando dos pañuelos, pero como coincidió el río en medio, se nos ahogo la probecilla.

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