Día 1
Ella, Susana, duerme plácidamente. Me he levantado sin que ella lo note. Hace unas semanas que nos conocimos y ya me he quedado a dormir varios días en su casa. Creo que la quiero. He salido al portal. Vive en un bajo con dos vecinos por planta. He dejado una rosa roja en su buzón. Me gustan las rosas negras, pero la gente las asocia al dolor y no es lo que yo siento. Dentro de unas horas cuando se levante espero que la encuentre. Sabrá que he sido yo. Vuelvo a la cama y me duermo no sin antes darle un beso en la mejilla.
Hace media hora que se ha despertado, se ha duchado y está terminando de desayunar. Me he hecho el remolón. Estoy de vacaciones, pero me levanto y me dirijo hacia la cocina.
-¿Café?. -Me pregunta según me ve entrar.
-Me vuelvo a la cama. -Doy media vuelta, es muy pronto hasta para ser pronto, pero me llama y me extiende una taza humeante.
-Toma, el café. Dormilón.
No tengo opción y tampoco la busco. Tomamos el café juntos. Está sonriendo y tarareando una canción. Creo que es el Perfect. ¿Por qué está de buen humor?. Son las 7:30 de la madrugada y tiene que irse a trabajar. El sueño me aturde. ¡La rosa!, seré tonto. ¿La habrá encontrado?. No, no lo ha hecho, sino me hubiera despertado antes en la misma cama, ¡más le vale!, o se lo notaría. Debe ser algo innato en ella. Es una persona vital.
-¿Estás distraído?, despierta. -Me increpa mientras no para de recoger los restos de su desayuno.
-¿Eh?, no, no... estoy. -Tardo unos segundos en reaccionar. Me gusta hasta cuando me ignora y paso a ser su actividad secundaria.
-Ya. ¿Estás?. -Ni siquiera me mira. Aprovecho para gesticular imitando sus caras. No es burla, tan sólo me divierte. Aunque lo hago a escondidas, sólo son dos semanas, demasiado pronto para que piense que soy imbécil, ya tendrá tiempo.
-Sí, es mi última respuesta... estoy. -Casi no he dudado, pero se para enfrente mío y me mira de arriba a abajo.
-Y, ¿cómo estás?. Sí se puede saber.
-Sí, se puede saber... -una salida fácil- no estoy tan bueno como tú, pero estoy. -Sonríe. Le ha gustado. Tenemos química. Se acerca un poquito más a mi.
-Nunca, nunca, estarás tan buena como yo. -En eso tiene razón. Yo soy un hombre tirando a guapo, de esos que llaman resultones; pero ella, ella es una belleza en toda regla. Es perfecta, tanto que estoy deseando encontrarla algún defecto.
-No sé, déjame que te vea. -Sujeto su cintura con mis manos y levanto su camisa descubriendo su piel.
-Aleja esas manos que llego tarde. -Sentencia mientras se retira de mi y con una habilidad inconcebible devuelve la camisa a su estado original.
-Tú no estás, -respondo resignado- yo sí estoy -exagero mis gestos-... Yo, sí. Tú, no. -Tengo la sensación de que he perdido un polvo matutino. Puede que no hubiera pasado nada, pero los hombres necesitamos pocos incentivos para tener esperanzas, con estar en la misma habitación nos basta. Aunque tampoco puedo quejarme.
-Estás gilipollas... -lo dicho, química- dame un beso. -Me besa y se va hacia la puerta de la calle.
-¡Espera, te acompaño!. -Reacciono. Casi vuelvo a olvidar mi regalo. Pone cara de extrañada, pero me espera.
Abre, se despide de mi y sale fuera. No cierro la puerta del todo esperando mi sorpresa.
-Buenos días.
-Buenos días.
-Es muy bonita.
¿Buenos días?. ¿Con quién habla?. ¿Es bonita?. ¿Qué pasa?. ¿Y mi rosa?. Sin pensármelo dos veces y movido por la curiosidad, y el nerviosismo propio de la situación, salgo al rellano. Me encuentro con dos mujeres, Susana y otra.
-Hola. He oído ruidos y... -Me quedo petrificado mirando a la otra mujer. No porque no sea guapa, que sí lo es, sino porque tiene en sus manos mi rosa.
-Oscar. -Susana me llama la atención disimuladamente. Debe creer que estoy mirando a la otra como un baboso.
-¿Sí?. ¡Perdona!, -me doy cuenta- yo no... -me justifico- estaba mirando la rosa. ¿Una rosa... a estas horas?.
-No pasa nada. -No se ha ofendido-. La he encontrado en mi buzón. -¡Joder!, tanto sigilo y me equivoco de buzón. ¡Subnormal!.
-Que romántico, ¿tienes un admirador secreto?. -Susana está encantada. ¡Vaya cagada!. Voy a contar la verdad.
-No sé. Seré tonta, pero me ha hecho ilusión. -La otra, la vecina, está encantada con el detalle. -Me ha alegrado el día, para uno que madrugo más de lo habitual. -Ya podría haber elegido otro día para madrugar. Me da pena robarle este momento. Definitivamente guardaré silencio, aunque ahora no sé que hacer, haga lo que haga parecerá que copio la idea.
-¿No os conocéis?. -Susana nos presenta. -Oscar, Elena. Elena, Oscar -nos damos dos besos. -Es nuestra vecina y Él es... -no termina la frase. Guardamos unos segundos de silencio expectante- ... es mi amigo. -Concluye mientras me mira. No hace falta que diga más, no es necesario. La rosa me la ha regalado ella a mi.
-Nuestra vecina... -repito mirando a Susana recalcando 'el nuestra' con la mirada. -Encantado. Sí me ves por aquí no llames a la policía... -bromeo- o mejor sí.
-No lo haré. -Aprovecha para oler la flor, su flor.
-Me tengo que ir a trabajar -Susana se despide.
-Y yo - repite Elena al igual que Susana- pero antes la guardaré. -Termina señalando su regalo.
Doy otro beso de despedida a Susana, quien me susurra al oído “Si hubiera sido para mi, llegaría tarde a trabajar”. ¡Mierda, mierda,mierda y mierda!. Fuerzo una sonrisa. -Que pases un buen día, nos vemos esta noche. -Nos despedimos, todos.
El día transcurre sin mayor novedad, nada a destacar. Termino un par de tareas pendientes, almuerzo con Susana cerca de su trabajo y regreso a su piso. Llego antes que la vecina, Elena, a quien oigo llegar un cuarto de hora después que yo. Me acerco corriendo a la mirilla para espiarla. Llego tarde. Ya ha entrado en su casa. ¿Por qué la espío?, maldita curiosidad. Tiene mi rosa. No importa, ya se me ocurrirá otra manera de sorprender a Susana. Aunque a Elena le ha hecho ilusión. Me siento bien. Es bonito hacer feliz a alguien, anónimo o no.
Susana vuelve una hora después. Sigue de buen humor. Charlamos un rato, de la rosa sobre todo. A ella también le ha gustado el detalle. Intento cambiar la conversación porque me siento decepcionado y un poco enfadado conmigo mismo. Sobre todo cuando la escucho decir cosas como “a mi nunca me ha pasado nada igual”. Además la conversación me está dejando en muy mal lugar, ha sido otro el que ha tenido el detalle y no yo. Irónico. Ella lo nota y disimuladamente accede a cambiar el tema. Sigo notando cierta envidia sana en sus ojos y un poco de decepción. Otra buena idea que me explota en miedo de la cara.
Vemos una película, cenamos, follamos, no en ese orden, y nos vamos a dormir. Ya pensaré como resarcirme. Roma no se quemó en una hora. Aunque tal vez... Me duermo con una idea en la mente. Pasan unas pocas horas. Me despierto otra vez, como hace veinticuatro horas. Como un deja vu consciente, repito exactamente la última noche. No despierto a Susana, salgo al portal y me dirijo al buzón con una rosa roja en la mano. No cambio nada, sigo los mismos pasos, los recreo fielmente, gesto a gesto
...pero esta vez no me equivoco.





4 comentarios:
Me ha gustado. ¿ Se liará con Elena?
a este paso, yo diría que sí.
bravo por esa frase final de "pero esta vez no me equivoco"
me ha gustado mucho este ralto,rapido de leer y engancha.
Yo pa mi que si se liara con la Elena o lo mismo hacen un trio,quien sabe jajaja
¡Vaya panda infieles, tod@s!, que os hace creer que se liará con...
Publicar un comentario en la entrada